domingo, 25 de julio de 2010


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Esta es Tina, una hembra de capuchino llorón o canela, Cebus olivaceus, llegó a nuestro centro el 2 de abril de 1997 desde el Zoológico de Jeréz de la Frontera. Este ejemplar no es uno de los rescatados por tráfico ilegal, su historia es diferente. En la imagen está comiento una almendra (les encantan los frutos secos).

Tina nació en el Zoo de Jeréz de la Frontera en el año 1993, sus padres la abandonaron y fué criada por el personal del zoo en la clínica veterinaria. Cuando fue un poco mayor y estaba destetada (desbiberonada) la introdujeron de nuevo con el grupo familiar. El problema es que estaba antropizada (humanizada), al ser criada por humanos no conocía el comportamiento normal de sus congéneres y no respetaba la jerarquía previa del grupo (comían sin guardar los turnos apropiados y disputaba privilegios a los dominantes), resultado: sus conespecíficos le dieron una paliza que prácticamente quedó deshauciada. El equipo veterinario consiguió curarla de sus heridas pero quedó con una paresia (parálisis en los cuartos traseros) y no podían hacer nada con ella. Establecimos contacto con ellos y Tina fue trasladada a nuestras instalaciones. All llegar parecía un injerto, la parte delantera era más o menos normal pero las extremidades posteriores estaban parcialmente atrofiadas por la paresia y la falta de ejercicio (parecían pertenecer a otro animal; medio capuchino medio ratón). Se desplazaba agarrándose con los brazos y arrastrando el resto del cuerpo (patética). La falta de capacidad motriz trasera hacía que se orinara encima y se manchara con sus propias heces alterando la piel y siendo un peligro sanitario para ella misma. 

De nuevo el trabajo de mi esposa, pertinaz y paciente, dió sus frutos. Durante horas le hacíamos masajes en las extremidades para fortalecerlas, la obligábamos a mover las articulaciones como si fuera en bicicleta y haciendo flexiones (agachadillas). Mi mujer se sentaba con ella en un brazo y una rama de árbol en la otra. Al principió la atemorizaban los elementos naturales y poco a poco empezó a picarle la curiosidad y a interactuar con los troncos y hojas.
Después de muchos meses la rehabilitación comenzó a dar sus frutos y finalmente se recuperó del todo. Como consecuencia de sus lesiones el desarrollo no fue el natural y es estrecha de caderas, lo que la inhabilita para programas de reproducción (pues habría que extraer las crías por cesárea y volveríamos a empezar de nuevo con el problema) pero al menos es totalmente independiente. Salta y corre como una loca (cuando hay que capturarla para las pruebas veterinarias rutinarias pasamos mucho rato persiguiéndola por el recinto mientras nos toma el pelo descaradamente). 
Una vez acabada la fase de rehabilitación física llegó el momento de volver a convencerla de que era un mono y no una persona. Poco a poco, estando en recintos anexos a los de otros capuchinos y haciendo la transferencia de vínculos desde los humanos hacia los primates fue comprendiendo su lenguaje, la forma de comportarse y como no meterse en problemas. Pero no se engañen, ella ha aprendido igual que lo hemos hecho nosotros, como una humana. Tina sigue considerándose una humana que vive entre monos, no se reconoce a sí misma como tal...
Desde hace varios años vive en el mismo recinto que Juanita (el primer capuchino de este post) en perfecta convivencia. Juntas pero no revueltas. Tina la respeta, Juanita es la dominante pero, aparte de dormir juntas, cada una hace su vida. Tina la mira asombrada y maravillada como quien observa un documental de la 2. Se comunica con los capuchinos como mono y con nosotros como humana. Hace incluso algunos símbolos (similares a los de los sordomudos) para pedir cosas que lleves en las manos (una cámara, frutos secos, un reloj...).
En general los capuchinos tienen una personalidad arrebatadora pero voluble e hipócrita (por eso es una locura tenerlos como mascotas).
En principio yo soy el macho Alfa de los grupos de capuchinos (el dominante de todos los del Centro de Rescate) en una posición compartida con nuestro Jefe de Cuidadores (Jesús es también el Secretario de la Fundación). Eso quiere decir que casi todas las hembras nos adoran y los machos nos respetan y nos adulan como a líderes (aunque a veces alguno intenta cuestionar el liderazgo, sobre todo para quedar bien delante de las hembras, pero generalmente basta sacar pecho y mirarlos fijamente para que cambien de actitud).
Con las cuidadoras y mi esposa (que es la Coordinadora de Conservación y Manejo de la Fundación) pasa al contrario, si no estamos presentes los machos alfa (humanos), las hembras capuchinas son sumisas y complacientes con ellas pero en cuanto aparecemos se vuelven celosas y acaparadoras tanto entre ellas como con las humanas (de ahí lo del comentario cariñoso de hipócritas) llegando incluso a tirarles del pelo para expulsarlas. En fin, como el patio de una guardería.
Con los machos es parecido, si no está mi esposa todo va bien, pero si se acerca a mi, dos de los machos (los más dominantes y los que nos siguen en la escala de mando) se envalentonan y hacen displays de fuerza para fardar delante de ella (como adolescentes por fuera de una discoteca). Muy entretenido, en serio.

Pronto más.

Saludos.

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